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LAS ALFOMBRAS DE ASERRÍN EN GUATEMALA

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Las alfombras de aserrín, flores o frutas constituyen una de las características más importantes de las celebraciones de la Semana Santa guatemalteca. Son un claro ejemplo del sincretismo religioso y cultural, desde hace ya varios años. La celebración religiosa es una de las más solemnes que conmemora la comunidad católica horas después del Santo Vía crucis, donde Jesucristo es crucificado. Durante el Viernes Santo las calles se tiñen de color y arte.

Orígenes

De la época prehispánica se sabe, que los señores y sacerdotes caminaban, en ciertas ceremonias, sobre alfombras de flores, de pino y de plumas de aves preciosas como quetzal, guacamaya y colibrí.

Así lucían las alfombras de Semana Santa en la antigüedad.


Por otro lado, a ello se suma la influencia española, en donde se elaboraban alfombras desde tiempos remotos, confeccionadas con tierras de colores, arenas y también de flores. En la Guatemala hispánica los franciscanos, que tuvieron a su cargo la mayor parte de la evangelización, mantuvieron la tendencia a favorecer la religiosidad popular.

 

Las alfombras de aserrín multicolor constituyen una expresión de agradecimiento o súplica a las imágenes de veneración. En esas alfombras se observan diversas representaciones de acuerdo a la creatividad de sus realizadores.

Elaboración

En sus elaborados diseños, que generalmente conllevan varias horas de dedicación, se aprecian figuras geométricas, ramas, flores y hojas; símbolos religiosos y heráldicos; pasajes bíblicos; imágenes de pasión; figuras de aves; así como diversos mensajes, con finalidad didáctica.

En algunos casos también se utiliza viruta, también teñida de colores.  El aserrín se origina como consecuencia del corte de la madera, mientras que la viruta tiene su origen por el cepillado de la madera rústica.

Se prefiere la madera de pino porque, durante el proceso de teñido, absorbe fácilmente la anilina, que es un químico a base de agua y de diferentes colores.

Para iniciar la elaboración de una alfombra se define el diseño y se colocan reglas de madera que delimitan el marco o tamaño. Después de humedecer el suelo, se agrega suficiente aserrín para la base, procurando nivelar la superficie, especialmente, si ésta es empedrada, como en el caso de las calles de la ciudad colonial. Luego, se agrega el aserrín con el color deseado que servirá de fondo.

Según la costumbre, se empieza a trabajar la alfombra desde el centro hacia las orillas. También se utilizan tamices para cernir el aserrín y darle un aspecto fino y uniforme. Para tonos de color más suaves, el aserrín se mezcla con polvo de mármol blanco, cal o arena blanca cernida.

Pueden medir hasta 40 metro de largo, y por ellas caminan las cofradías, llevando en sus hombros estatuas religiosas.

Al concluir la elaboración de una alfombra de aserrín, ésta debe mantenerse húmeda. Para ello, es común utilizar bombas rociadoras manuales, ya que de no hacerlo se corre el riesgo que una corriente de aire fuerte afecte el trabajo realizado.

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